miércoles, 9 de febrero de 2011

El amor es ciego y la locura siempre lo acompaña









Cuentan que una vez, se reunieron todos los sentimientos y cualidades del hombre.
Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura les propuso oigan vamos,
a jugar a las escondidas. La intriga levantó la ceja y la curiosidad, sin po- der mantenerse preguntó ¿escondidas?
el entusiasmo danzó, seguido de la euforia, la alegría dió tantos saltos que terminó por convenser a la duda y a la
apatía, que nunca se interesaban por nada.
1,2,3.. comenzó a contar la locura, la primera en esconderse fue la pereza, que como siempre cayó
detrás de la primera pie- dra del camino, la fe subió al cielo y la envidia se econdió de- trás de la sombra
del triunfo, que por propio esfuerzo había conse- guido llegar a la copa más alta del árbol. La
generosidad casí no logra esconderse, porque cada lugar que encontraba le parecía bueno, para alguno
de sus amigos, si era un
lago cristalino, ideal para la belleza, si era la copa del árbol perfecta para la timidez, si era una rafaga
de viento, magnífica para la libertad. Así es que terminó escondiendose en un rayo de sol, el e-
goísmo un lugar bueno desde el principio, ventilado cómo- do pero solo para el, la mentira se escondió
detrás del arco iris y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes. Cuando
la locura terminaba de contar el amor todavía no había- encontrado lugar para esconderse, pues todos estaban
ya ocu- pados, hasta que encontró un rosal y cariñosamente desidió es- conderse entre sus flores, concluyó
la locura y comenzó la bús- queda, la primera en aparecer fue la pereza apenas a tres
pasos de una piedra. Sintió vibrar a la pasión y al deseo en los volcanes, en un descui- do encontró a la envidia
y claro pudo deducir donde estaba el triun- fo, al egoísmo no tuvo que buscarlo el solo salió disparado
de su es- condite que era en verdad era un nido de avispas, de tanro caminar sintió sed y al proximarse a
un lago descubrió a la belleza. La duda fue más fácil de encontrar estaba sentada sobre un cerro sin decidir
donde esconderse y así iba encontrandolos a todos, al talento entre la hierba frezca a
la angustía en una cueva oscura pero, el amor no aparecía por ningún lugar, la locura lo busco detrás de cada
árbol, debajo de cada roca del planeta y encima de las montañas. Cuando estaba apunto de darse por vencida, encontró un rosal
y co- menzó a mover sus ramas, entonces escuchó un grito doloroso, ha- bían herido
al amor en los ojos, la locura no sabía que hacer para dis- culparse, lloró, rezó, imploró, pidió perdón y
prometió ser su guía pa- ra siempre, es por eso que desde entonces el amor es ciego y
la locu- ra siempre lo acompaña.


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